Montgó y puerto Denia (Alicante)

Felicidad y Filosofía: la conquista de la libertad – Happiness and Philosophy: the conquest of freedom

Hace unos días, me escribió una suscriptora y me decía que ella no consideraba posible la felicidad (gracias, Andrea, los mensajes que intercambiamos me dieron la idea para esta entrada).

Yo defendía que sí es posible, aunque por supuesto eso dependía en gran parte de lo que cada uno entiende por “felicidad”. Si lo que se entiende como tal es que todo te vaya bien, pues entonces tal felicidad no existe. Puede haber un momento en que todo vaya sobre ruedas, pero, antes o después, va a aparecer algún problema. Y no pasa nada. Es parte de la normalidad. Y hasta tiene cierta gracia. Te obliga a movilizar tus recursos internos que, si no se usan, se oxidan un poco.

Si esperamos a que todo esté resuelto para encontrarnos bien, largo me lo fías…

¿QUÉ ES PARA MÍ LA FELICIDAD?

Para mí, lo más parecido a la felicidad es experimentar calma interior e interés por el mundo. Sentir que vivo sin traicionar mis valores fundamentales. Que puedo expresarme libremente, que no tengo necesidad de fingir ser un personaje que no soy. Y poder disfrutar de este camino compartido con otras personas.

Evidentemente no considero posible que sea un estado continuo, pero sí que puede quedar como una especie de fondo de pantalla sobre el que el resto de acontecimientos de la vida tienen lugar. Un bastidor que sostiene el tejido en el que podemos bordar, con cariño, nuestras acciones. Hacia nosotros mismos y hacia los demás. Así actúa la aspiración a llevar la mejor vida que nos sea posible, a llevar una vida buena.

Muchas veces se asocia la felicidad al éxito, pero yo no veo tal vinculación muy clara. No me gusta nada hablar de éxito. Esta palabra parece más relacionada con el reconocimiento de los demás, y eso es algo que no depende en absoluto de nosotros y nos deja a merced de los vientos.

Si eres de los que sí empleas el término “éxito”, te digo que estoy convencida de que la felicidad precede al éxito, y no al revés. Las personas felices se sienten exitosas. Pero no todas las personas que podemos considerar exitosas se sienten felices.

El éxito que va unido a la felicidad proviene esencialmente del interior. Para mí este “éxito” se refiere a la posibilidad de llevar esta vida buena de la que te hablaba más arriba.

¿A qué me refiero con “vida buena”?

La “vida buena” puede sintetizarse en el deseo de la persona que anhela, además de su felicidad, el bien de los demás, establecer vínculos significativos con otras personas y mantener una relación justa con la naturaleza.

De esta forma, cuando aspiramos a esa vida buena, adquirimos un compromiso con la coherencia y la integridad, y esto actúa como un gran motivador. Es nuestra idea regulativa que nos conduce a un estado de ánimo impregnado de conciencia y comprensión, hacia los demás y, también, hacia nosotros mismos. En este estado anímico predomina el buen humor, la alegría, el deseo de cooperar, el entusiasmo y la curiosidad por la vida.

A este bienestar interior se llega, en gran medida, saliendo de nosotros mismos, interesándonos por los demás. Sé que hay corrientes de pensamiento que defienden otra propuesta. Esta es la mía y está profundamente relacionada con el altruismo. Sobre la relación entre felicidad y generosidad hablaba en una entrada anterior: «El altruismo como valor».

Por tanto, a partir de un estado interior de mayor bienestar es más probable que surjan nuestros mayores «éxitos», los que contribuyen a que mantengamos un buen estado anímico.

¿Y cómo se llega a la felicidad? Difícil pregunta, aunque no imposible.

¿DE DÓNDE PROCEDE LA FELICIDAD?

Para sentirte feliz no hace falta que todo te vaya a las mil maravillas. Muy al contrario, a veces experimentamos momentos de gran plenitud en circunstancias duras. Puedes encontrarte mal pero sentirte bien en el fondo. Parece contradictorio pero no lo es. Es precisamente en los tiempos de mayor adversidad cuando valoras más lo que todavía eres capaz de hacer.

La felicidad puede encontrarse en los momentos más difíciles.

Así lo explican autores como Martin Heidegger, cuyo existencialismo refleja que tener presente la posibilidad de la muerte conduce a una forma más optimista de vivir. Nos ayuda a relativizar los problemas y a disfrutar más nuestro día a día. Esto explica el gran anhelo vital que nos queda a la mayoría que hemos experimentado enfermedades graves y seguimos aquí. Lo que este filósofo alemán defiende es que vivamos con mayor intensidad. Así que, si eres intensito, como yo ;), este planteamiento te gustará.

Estamos muy acostumbrados a la filosofía de vida basada en el HACER-TENER-SER. Este planteamiento vital parte del impulso básico de supervivencia: cuanto más se haga y se tenga, mayores probabilidades de éxito. Nos podemos llegar a obsesionar con «el pan de cada día» y, después, con otros bienes materiales. La felicidad se alcanza tras “tener”.

Este planteamiento te deja a merced de los mandatos de la sociedad, a veces a costa de sacrificar tus verdaderos intereses. Además, desde este punto de partida pueden surgir conductas egoístas que no consideran la supervivencia de los demás y que, desde luego, no conducen a lo que todos buscamos en esencia: la felicidad.

Lo que yo defiendo en esto de la «vida feliz» son los mismos factores, pero en orden inverso: SER- HACER-TENER.

La «vida buena» no parte del «Tener» sino del «Ser» y se desarrolla a través del «Hacer» que parte de este.

Es importante tener lo que necesitamos, y más aun, hacer lo que sea necesario en cada momento, pero lo más beneficioso para todos es que cada persona se desarrolle de acuerdo a sus valores profundos y tendencias naturales (es, decir, respetando su Ser), más allá de lo que la sociedad imponga o, incluso, su círculo más íntimo.

Independientemente de la genética con que cada uno de nosotros hayamos venido al mundo y de la educación que hayamos recibido, el vivir con mayor autenticidad mejora indudablemente nuestro estado anímico. Y esto sucede en gran medida porque vivir así nos desgasta menos. De esta manera liberamos energía, optimizamos nuestros recursos y nos sentimos con más capacidad de hacer lo que queremos. Sencillamente nos sentimos menos cansados.

La consecuencia inmediata es que con este nivel energético es más probable que nos atrevamos a hacer lo que realmente nos gusta y se nos da bien. Y vamos adquiriendo mayor independencia de las opiniones de los demás.

Es ahí cuando tenemos más probabilidades de llegar a tener cosas que contribuyen a nuestro bienestar. Todo suma, por supuesto. Pero en este marco de vida, la persona no confunde su «Ser» con el «Tener» y el «Hacer» y piensa también en la supervivencia de los demás. Esto es lo que aquí llamo trascendencia.

Cuando hablo de “trascendencia” no me refiero a algo necesariamente religioso, simplemente a salir de nuestro ombligo y darnos cuenta de que el bien de los demás es parte de nuestro propio bien. Y esto es así no solo desde un punto de vista idealista, sino también, práctico. Sobre esta cuestión, te animo de nuevo a que leas la entrada anterior.  

“Nunca os aconsejaré el escepticismo cansino y melancólico de quienes piensan estar de vuelta de todo. Es la posición más falsa y más ingenuamente dogmática que puede adoptarse. Ya es mucho que vayamos a alguna parte. Estar de vuelta, ¡ni soñarlo…!”

Antonio Machado, Juan de Mairena

De este planteamiento deriva mi propuesta (cansina, a veces, soy consciente de ello 😉 ), que conduce a que vivas con una mayor coherencia: primero descubrir cuáles son tus fortalezas, tu yo más genuino, para, a partir ahí, extraer tu mejor camino de vida (o al menos uno de los mejores, ya sabes que no hay una solución única y perfecta).

Una vez has descubierto el qué, el cómo aparece. Empezarás a estar motivado desde tu Ser, no por la fuerza de voluntad, el espíritu de sacrificio o los retos continuos (que tan de moda están ahora: challenge de esto, challenge para la otro… qué cansancio).

Estoy hablando de valentía, pero no de esfuerzos épicos. Somos meros seres humanos, no héroes.

Cuando se vive desde el Ser se alcanza un poder interior que proporciona seguridad, ya que es inalineable, nadie nos lo puede quitar. Esta seguridad permite que veamos en los demás a colaboradores y no a rivales. Por supuesto, este poder interior nos facilita el poder exterior, pero teniendo claro que nuestro «Ser» no se sostiene en él sino que es su fuente.

Alguien rico en poder interior es esencialmente feliz y una persona feliz tiene muy claro que nada material es capaz de generar y mantener en el tiempo esa felicidad.

LA CONQUISTA DE LA LIBERTAD Y LA FELICIDAD

De esta manera conquistamos nuestra libertad interior: la posible pérdida del poder exterior ya no es motivo de preocupación porque sabemos que si no «tenemos» o no podemos hacer determinadas cosas eso no empobrece nuestro «Ser». Por eso siempre digo que se puede ser feliz aunque estés enfermo.

Así, este marco filosófico de vida S-H-T, nos permite pasar de la supervivencia a la trascendencia: a una persona feliz consigo misma y que valora lo que ya tiene, que además sabe que solo puede mantener esa felicidad si contribuye a la felicidad de otras personas con las que comparte vida en este mundo.  

La clave aquí es encontrar la mejor forma de vida para ti. Un modo de estar que, ni te aburra, ni te llene de tareas pendientes que te sobrecargan.

En el primer caso, intentarás llenar tu vacío con cualquier tipo de conducta compulsiva (como atracones de comida, adicciones o ideas intrusivas). Aquí incluyo tus pensamientos como «conductas» porque, aunque no sean observables para alguien externo, sí lo son para ti.

En el segundo caso, empezarás a sentir ansiedad, a procrastinar… porque estás sobrepasado. O, igualmente, recurrirás a comportamientos dañinos que no serán más que una válvula de escape del estrés y la frustración.

En cuanto empieces a vivir de manera más coherente a quién eres, muchos de los problemas que te pueden hacer sentir mal y preocupado perderán fuerza en tu vida. Sean cuales sean tus circunstancias.

Cuando te decides a vivir más cerca de tu esencia, de quien has venido a ser aquí, tu mente y tu cuerpo colaboran, dejan de molestarte, se ponen a tu favor y te cargan de energía. Ves todo con mejor perspectiva, piensas con más claridad y aparecen las fuerzas para hacer aquello que necesitas hacer para encontrarte bien.

Que puedas entender y poner en práctica tu talentos naturales y tu creatividad te ayuda a conseguir vivir de esta manera más genuina. En este proceso es útil realizar un trabajo de introspección que te permita adquirir una visión más profunda de “quién eres”. Este autodescubrimiento no es un ejercicio de egocentrismo, no tienes que permanecer ahí durante mucho tiempo. No te dejará estancado en ti mismo sino todo lo contrario: te hará abrir los ojos al mundo con mayor interés y aprecio.

Una vez hayas llegado a esta mayor comprensión, tendrás más claro qué tipo de vida es la que necesitas llevar para sentirte bien. Dejarás de procrastinar tanto. Tu energía se enfocará e incrementará y, con ella, tu fortaleza y capacidad de comprender a los demás.

Sentirás mayor confianza. Y, con ella, empezarás a dar pasos más firmes.

Tus relaciones con los otros mejorarán porque habrás mejorado la relación contigo mismo.

La mayor parte de lo que necesitas para la “vida buena” ya lo tienes, solo tienes que dejar que pase de la potencia al acto. Ponerlo en marcha.

¿Qué es para ti la felicidad? ¿La consideras posible? ¿La relacionas con el éxito?



For you 🙂


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