La angustia de la libertad y los saboteadores

Andaba yo nuevamente dándole vueltas a si determinada decisión que había tomado acerca de dónde vivir era la correcta. Como me sucede a menudo cuando estoy cansada, empezaba a sentirme algo colapsada con todas las alternativas que mi típico pensamiento tangencial me traía.

«Si hago A, entonces B, pero si hago C entonces D… ¿y si hiciera E?». Seguro que este tipo de diálogo interno te sonará. Ves puntos débiles y fuertes en todas estas alternativas. Quizás has llegado a poner por escrito pros y contras (como a veces se recomienda). O has probado el método de la moneda (¿lo conoces?). Intentas ser receptiva también a las sensaciones que te transmite tu estómago, tu garganta, tu pecho… A tu intuición.

A veces este tipo de pensamiento llega a buen puerto y consigues tomar una decisión que te deja satisfecha. El problema surge cuando, como te cuento que me pasaba a mí en esa etapa, te sientes cansada. Quizás por por problemas de salud, quizás porque las obligaciones diarias te llevan algo al límite… Sea por lo que sea, te encuentras cansada. Es en ese momento cuando es más probable que empieces a dudar. ¿Habré hecho bien tomando esta decisión?

El problema es que muchas veces tu capacidad de generar alternativas que es, en principio, una habilidad positiva, se vuelve en tu contra. Y cuantas más opciones tengas, peor. ¿Por qué hay tan baja prevalencia de depresión o problemas de ansiedad en sociedades en vías de desarrollo? Porque están demasiado ocupados para resolver ese día. No tienen demasiadas alternativas posibles a futuro. Eso es triste. Pero no deprimente. A la persona le gustaría poder tener más poder de decisión en su vida. Evidentemente. Pero el hecho de no tener muchas alternativas factibles hace que no gaste demasiadas energías en darle vueltas a las cosas.

Quizás tú tengas la suerte (eso espero) de sí poder optar por diferentes caminos. Pero en ese momento llega la angustia. Como diría Sartre, nuestro principal problema es la autodeterminación. Tenemos la obligación de ser libres (estamos condenados a ello) y eso genera angustia vital.

Pues estaba yo con esa sensación angustiante, cuando se me ocurrió, como otra veces (el ser humano es el único animal que tropieza 10 veces en la misma piedra), hacer mi particular brainstorming con mi familia y amigos. ¡Ooooooh! Horror.

¿Qué crees que me pasó? Pues que me encontré mayoritariamente con 2 tipos de reacciones:

  1. La del miedo a que te equivoques, a que te arriesgues demasiado (esta es la reacción mayoritaria de quienes de verdad te quieren)
  2. La del miedo proyectado de quien está bloqueado como tú y te dice que por ahí no hay camino tampoco…(esta persona te quiere, pero menos)
  3. La de la persona que directamente le quita valor a tu idea o decisión, afirmando que ella ya está cansada de hacer eso que a ti se te ha ocurrido, que eso lo hace todo el mundo… O directamente te cambia de tema (aquí tuve yo una caída de caballo con el tema del narcisismo). Este último tipo de persona no te quiere. Empieza a sentir una envidia insana si ve que es posible que despegues, quizás que te arriesgues en algo que a ella le gustaría pero no se atreve…

Toda esta introducción para decirte que NO me va a pasar más. Cada vez que tome una decisión o esté tomándola, no pienso consultar con nadie a mi alrededor que me conozca, a no ser que esté absolutamente segura de que está verdaderamente en mi onda.

Esto es aplicable tanto a decisiones acerca de problemas cotidianos como a ideas de trabajo, negocio, decisiones vitales clave… La cuestión es que finalmente lo que a mí me funcionó es:

  1. Consultarlo con la almohada y dejar que al día siguiente mi intuición hable a través de la escritura.
  2. Ponerme en contacto con algún especialista en la cuestión, externo a mi vida cotidiana y pedirle asesoramiento.

¿Te ha pasado esto? ¿Te has encontrado siendo saboteada por alguien de tu entorno? ¿Sigues consultando tus decisiones importantes con las personas cercanas?

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