Perro cruce pequinés en coche con mochila

Te cuento por qué empecé a grabar audiolibros. Sincronías, Russell y Clarín

PASAR A LA ACCIÓN

Como ya sabes si sigues mi blog, empecé a compartir mis reflexiones en este espacio cuando me decidí a pasar a la acción y dejar de analizar tantas alternativas tras una larga enfermedad.

La pregunta del millón era (y es): «¿qué me hace sentir viva? ¿Qué me libera del sufrimiento? ¿Qué es lo que me lleva a perder la noción del tiempo?»

Empecé a escribir una lista de esas cosas que son como un bálsamo para mí. Algunas las hacía ya cotidianamente. Pero otras no. Una de las que sí hago es bailar. Bailo casi todos los días. Es mi principal forma de meditación y de sentirme conectada con la vida. En esos momentos pierdo la conciencia de mí misma. Así veo yo la meditación «práctica»: no se trata de concentrarte hacia tu interior sino de todo lo contrario, se trata de conseguir un nivel de conciencia diferente que te hace salir de ti mismo. De tus pequeñeces. De tus chorradillas cotidianas que te agobian.

«Tal vez la inspiración sea una forma de superconsciencia o quizá de subconsciencia, no sabría decir. Pero estoy seguro de que es la antítesis de la conciencia de uno mismo»

Aaron Kopland

El último párrafo te chocará con la mayoría de opiniones que se leen ahora. «Toda la felicidad está en el interior». ¿En serio? ¿Toda? No soy yo sola quien sostiene que una parte de nuestro bienestar depende de nuestras circunstancias, como decía Ortega. Estas circunstancias incluyen no solo nuestra vida material, lo que se puede observar, sino la predisposición a la alegría o a la tristeza, a la valentía o a la cobardía, que ya traemos codificadas de casa por nuestra genética. Es verdad que la epigenética está demostrando que el ambiente hace que unos genes se expresen y otros no. Pero nacemos de una forma que nos predispone en un porcentaje innegable.

Esta idea y la cita de Kopland me lleva a la filosofía práctica de B.Russell, que se concentra en su pequeña (gran) obra, La conquista de la felicidad, que te recomiendo. Precisamente en este ensayo, el filósofo insiste en la idea de que la felicidad se encuentra más bien mirando qué podemos hacer ahí fuera y no tanto hacia nosotros mismos.

Este libro fue mi primera lectura tras salir de aislamiento hospitalario después del trasplante. Me quedé impactada. Conocía a Russell, pero más en su faceta de lógico. Es una figura muy inspiradora para mí: hijo de una familia de la nobleza, quedó huérfano a los tres años. Su abuelo fue primer ministro de Inglaterra en dos ocasiones. Considerado uno de los padres de la filosofía analítica moderna, fue también Premio Nobel de Literatura en 1950. Fundó, con Einstein, el movimiento Pugwash (1953), contra el armamentismo nuclear. Sus ideas pedagógicas son tremendamente avanzadas a su tiempo. Cuando lees este librito, de principios del siglo XX, te sorprende su vigencia.

Gracias a su lectura me encontré con este poema de Walt Whitman, uno de los poetas que mejor representan a los Estados Unidos. Además de poeta fue enfermero voluntario, humanista, ensayista, periodista…

"Creo que podría transformarme y vivir con los 
animales. !Son tan apacibles y dueños de sí mis-
mos!
Me paro a contemplarlos durante tiempo y más
tiempo.
No sudan ni se quejan de su suerte,
no se pasan la noche en vela, llorando por sus
pecados,
no me fastidian hablando de sus deberes para
con Dios.
Ninguno está insatisfecho, a ninguno le enloque-
ce la manía de poseer cosas. 
Ninguno se arrodilla ante otro, ni ante los congé-
neres que vivieron hace miles de años.
Ninguno es respetable ni desgraciado en todo el 
ancho mundo.
                                    
                              Perro pequinés cruce mirada dulce


                                             Walt Whitman

LAS POSIBILIDADES EXPRESIVAS DEL LENGUAJE: EL IMPACTO DEL ARTE Y EL ACTIVISMO

El arte por el arte está muy bien. Pero el arte también puede servir a causas nobles. Por ejemplo, a la del bienestar animal.

¿Es posible escribir un texto o grabar un vídeo intentado concienciar sobre la importancia de los animales y de su cuidado que supere en impacto al cuento ¡Adiós, Cordera!, de Clarín. Creo que es insuperable.

Nadie puede crear un texto de tipo informativo que lleve más a la reflexión que la lírica.

Pues estaba yo en estas reflexiones, elaborando la lista de las cosas que me hacen sentir viva pero que todavía no hacía. Y apareció lo que sí o sí tenía que empezar a hacer: !TEATRO MUSICAL!

Estaba entusiasmada, sí, me encanta la danza y la interpretación. Pero no verlo. No me gusta demasiado ver espectáculos musicales y (menos) ver películas o series. Lo que me gusta es participar en ellos. Así que me decidí a tomar clases de arte dramático, que incluyeran formación en danza… Y entonces apareció el Covid-19. Y yo todavía sin poderme poner las vacunas esenciales (no se si sabrás que después de un trasplante de médula como el mío tu sistema inmunitario queda como reseteado, es como si no hubieras pasado una sola enfermedad en tu vida, ni te hubieran puesto ninguna vacuna, así que tienen que ponerte las vacunas desde 0)

Era (soy) una persona de muy alto riesgo ahora mismo… ¿Iba a quedarme sin poder hacer lo del teatro? Pues por completo sí. Pero había una solución intermedia. Me dio la idea una amiga profesora de literatura que me envió un poema grabado, el Monólogo de Segismundo, de Calderón.

El profesor de un curso de marketing que estaba haciendo me dijo que tenía una voz expresiva y que por mi perfil podría grabar audiolibros… Justo el mismo día que mi amiga me envió este audio. El día siguiente otro amigo que hacía mucho tiempo que no me escribía me mandó un poema de un locutor que graba y publica en youtube.

¡Era el colmo de las sincronías! Recordé entonces un profesor de literatura francesa (que también es actor) que me dijo que por mi forma de hablar podía dedicarme a la interpretación o la radio. Que hablaba como si cantaba… Y eso implicaba una forma muy particular de entender la comunicación. Yo entonces no le quise hacer demasiado caso. Hasta me dio apuro preguntarle a qué se refería con lo de «forma muy particular». Estaba «demasiado ocupada» con mi trabajo en la ingeniería. Yo estudiaba aquello por mero placer. Me gustaban las humanidades pero no pensaba por entonces darle ningún uso «práctico».

Y entonces, en medio de un curso de marketing, el profesor me propone que grabe audiolibros. Aquel comentario de ese talentoso profesor me vino a la cabeza como un fogonazo de luz. ¡Eureka! No tenía por qué renunciar por completo al teatro. Podía interpretar los textos desde casa y compartirlos con quienes quisieran conocerlos. Y así empecé a grabar.

Una de las primeras vacunas que tuve que ponerme para ello es liberarme de mi atenazador perfeccionismo. Si empezaba a escuchar mis audios, no publicaba en internet ninguno. Siempre iba a encontrar fallo tras fallo. Así que lo que escuchas de mí está grabado a la primera. Tal y como si lo leyera en directo para alguien a quien quiero. Como si te contara un cuento…

Aquí te dejo la primera parte del cuento del que te hablaba:

INSERTAR URL ADIOS CORDERA

(Esta es mi primera versión «casera». Acabo de recibir mi nuevo micrófono y tarjeta de sonido (¡por fin!) y pronto lo grabaré con mejor calidad).

¿Conocías este cuento de Clarín? ¿Qué reflexiones te trae? ¿Crees, como yo, que a través del arte se puede concienciar, más incluso que con otras vías puramente informativas?

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